Vangelis KoltsidasDictaduras no resueltas
Cincuenta años después de la muerte del dictador español Francisco Franco, la RLS organiza en Madrid un diálogo con historiadores e historiadoras de España, Portugal y Grecia sobre los rescoldos de las dictaduras en el sur de Europa.
Es un pasado que no quiere desaparecer. Incluso cincuenta años después de la muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, la dictadura que impuso durante décadas sigue proyectando largas sombras sobre la sociedad española. Si bien la muerte del general marcó también el final de la dictadura que había instaurado con el golpe militar de julio de 1936 y la victoria sobre los republicanos en la guerra civil de abril de 1939, la transición a la democracia sigue incompleta.
A cambio de la legalización de los partidos de la oposición y de las elecciones parlamentarias, las élites franquistas quedaron exentas de toda persecución penal. El fascismo español causó, según estimaciones, hasta 200.000 víctimas directas solo desde que se produjo el levantamiento militar hasta que se hizo con el poder. Sin embargo, nunca fue juzgado. Tampoco lo fueron las represiones y violaciones de los derechos humanos que continuaron hasta los años setenta y que causaron miles de víctimas adicionales. Sobre estos crímenes cayó un manto de silencio que envenenó de forma duradera la vida política del Estado español.
La falta de un enfrentamiento político y jurídico con la dictadura fascista pasa hoy factura. Los gobiernos progresistas de coalición, con el socialista Pedro Sánchez como presidente, han logrado desde 2018 algunos avances, bastante limitados, en la revisión política del pasado gracias a la presión de los movimientos memorialistas. Por ejemplo, se ha cumplido con la reivindicación histórica de sacar los restos de Franco del llamado «Valle de los caídos», un momumento religioso al fascismo, lugar de peregrinación falangista, construido durante la dictadura y de acceso público, para trasladarlos a un enterramiento privado. Con motivo del 50 aniversario de la muerte del dictador, el Gobierno creó el Comisionado para la celebración de los 50 años de España en Libertad, que organizó decenas de actos públicos durante el año conmemorativo.
Sin embargo, los crímenes de la dictadura siguen impunes. La Ley de Amnistía, aprobada en 1977, y la consecuente impunidad son los elementos centrales de la transición española. Esa ley, que en España se conoce también como la ley de borrón y cuenta nueva, o la ley de punto final, sigue plenamente vigente. De hecho, la actual Ley de Memoria Democrática no establece sanción para los verdugos, ni indemnización para las víctimas. Tampoco la creación de un mecanismo independiente que permita esclarecer las violaciones de derechos.
Las encuestas muestran además que actualmente alrededor del 20 % de la población española expresa simpatía por la dictadura. En particular entre los hombres jóvenes crece la popularidad del general. Según los sondeos, cerca del 20 % de los españoles votaría también al partido de extrema derecha Vox, que en los últimos años se ha consolidado a la derecha del Partido Popular, de origen posfranquista y conservador. En las próximas elecciones, estos dos partidos podrían formar el nuevo gobierno. En España no existen cordones sanitarios.
El fin de las dictaduras en el sur de Europa
La cuestión de la transición fue precisamente el centro de las discusiones durante una semana de actividades organizada por las oficinas de la Fundación Rosa Luxemburg en Madrid y Atenas. Se trató de un diálogo entre historiadores e historiadoras y actores de iniciativas de memoria histórica de España, Portugal y Grecia. El ejemplo español se discutió en el contexto de las dictaduras militares de Portugal y Grecia, que habían terminado un año antes, en 1974. La mirada comparativa no solo se centró en las fases de «transición a la democracia» de mediados de los setenta, sino también en los desafíos actuales del trabajo de memoria y en los debates sobre política histórica. Quedó claro que el fortalecimiento de la extrema derecha en los tres países está estrechamente relacionado con la forma de afrontar las dictaduras.
Con el apoyo de Manos Avgeridis e Ioanna Vogli, de los Contemporary Social History Archives (ASKI) de Atenas y de MIRCo-UAM en Madrid, la Fundación Rosa Luxemburg logró invitar a destacados historiadores e historiadoras de los tres países. El profesor Kostis Kornetis, miembro de la comisión gubernamental “España en Libertad”, que también apoyó el evento, dejó claro en su presentación inicial que las tres dictaduras del sur de Europa pueden situarse con razón en un mismo contexto, marcado entre otras cosas por la Guerra Fría. Al mismo tiempo, Kornetis subrayó que el avance de la investigación hace que las diferencias entre los tres casos aparezcan con mayor nitidez. Estas se manifestaron sobre todo en las tres distintas formas de ruptura a mediados de los setenta: la Revolución de los Claveles en Portugal, marcada por amplias movilizaciones sociales y una nueva constitución; la “transición pactada” en España, con sus importantes déficits de democratización; y la caída de la dictadura de los coroneles en Grecia, caracterizada por los procesos contra los militares, pero mucho menos profunda socialmente que en Portugal.
Otras contribuciones a la historización se centraron, entre otros temas, en el papel de las emociones en los movimientos de protesta (Prof. Polymeris Voglis), en el contexto ibérico de protestas y prácticas represivas en España y Portugal (Prof. Raquel Varela), en el papel de las mujeres como actoras políticas en la lucha contra la dictadura y el fascismo (Magda Fytili y Carme Bernat), en el nacionalismo metodológico de la izquierda comunista en Grecia (Prof. Kostis Karpozilos) y en los déficits de democratización con Jaime Pastor (Viento Sur, Madrid) y el historiador y exdiputado de En Comú Podem, Xavier Domènech. El programa se completó con un recorrido urbano por lugares de resistencia y represión en Madrid, así como una visita al Valle de Cuelgamuros, organizada por Miguel Urbán, quien entre 2015 y 2024 fue eurodiputado del grupo THE LEFT en Bruselas e hijo de un militante torturado en las cárceles franquistas.
Despertaron especial interés las aportaciones sobre política y prácticas de memoria de asociaciones de víctimas y otras organizaciones de izquierdas. El profesor Adrian Shubert presentó un museo virtual dedicado a la Guerra Civil española. El historiador Stathis Pavlopoulos explicó el proyecto virtual de documentación de ASKI, que pone a disposición 300.000 documentos sobre la historia de la dictadura, la lucha partisana y la guerra civil en Grecia. La directora del Museo de la Resistencia y la libertad de Portugal, Aida Rechena, explicó cómo este se estableció también con la participación de las asociaciones de víctimas. Mayki Gorosito, desde Buenos Aires, amplió la mirada hacia el tratamiento de la dictadura militar argentina (1976–1983). En Argentina, al menos, hubo una revisión judicial de los crímenes de la dictadura. Sin embargo, los avances están siendo revertidos por el gobierno de extrema derecha de Javier Milei. Esto también queda patente en el caso de la propia Gorosito, que el pasado junio fue obligada por Milei a dimitir como directora del museo sitio de memoria ESMA, ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio, en el recinto de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). La perspectiva latinoamericana se complementó con la intervención de Claudia Marchant, que trabaja en el espacio de memoria Londres 38, un museo ubicado en la antigua sede de la policía secreta DINA en Santiago de Chile.
Las exitosas jornadas en Madrid, que atrajeron a un público interesado, constituyen ya el segundo diálogo entre historiadores e historiadoras de España, Portugal y Grecia organizado por la Fundación Rosa Luxemburg. El primer encuentro tuvo lugar en 2024, con motivo del 50 aniversario de la caída de la dictadura de los coroneles en Atenas. La fundación se ha consolidado así como uno de los pocos espacios de debate científico y político que aborda, desde una perspectiva comparada, el legado de las dictaduras no resueltas en el sur de Europa. Recordar a las víctimas de las dictaduras se concibe como una contribución eminentemente política a la lucha contra el nuevo y creciente extremismo de derecha, que en los tres países —y más allá— trabaja para relativizar o incluso glorificar los crímenes.